
Acabo de terminar de leerme el último libro de Elvira Lindo "Lo que me queda por vivir". Hacía mucho tiempo que un libro no lograba emocionarme tanto. Siempre quiero llegar al final, y esta vez no quería que se me terminara el libro. Y al terminarlo lo volví a empezar.
Lo que me queda por vivir es la crónica en primera persona de una época, de un aprendizaje: cómo se consigue a duras penas sobreponerse a la traición. Cómo la ternura de un hijo puede aliviar la fragilidad de quien ha de fortalecerse para protegerlo y a la vez se siente protegida por él. La protagonista es Antonia, una mujer de veintiséis años que un buen día se ve sola con un niño de cuatro años en el cambiante Madrid de los años ochenta. Ésta es su historia, la historia de un viaje interior. Antonia es una mujer que se enfrenta a la juventud y a la maternidad mientras ansía hacerse un lugar en la vida, en una ciudad y en una época de tiempo acelerado, que se presta más a la confusión que a la certeza, sobre todo para alguien que ha tenido una experiencia prematura de la pérdida y de la soledad.
Lo que me queda por vivir presenta la escritura de Elvira Lindo en su belleza más sobrecogedora, yendo sin pausa al corazón de esas verdades sobre la experiencia que sólo se pueden contar a través de la ficción.
Es una novela que para escribirla se necesitan vivencias, una lejanía de la época y sobre todo se nota que ha leído mucho.
Lo que me queda por vivir presenta la escritura de Elvira Lindo en su belleza más sobrecogedora, yendo sin pausa al corazón de esas verdades sobre la experiencia que sólo se pueden contar a través de la ficción.
Es una novela que para escribirla se necesitan vivencias, una lejanía de la época y sobre todo se nota que ha leído mucho.
Copio un fragmento:
“Qué difícil era y es traicionar al grupo y qué fácil ser desleal con uno mismo. La deslealtad a uno mismo no se suele advertir en el presente, se camufla de malestar, de ansiedad difusa, porque éstas son sensaciones mucho más fáciles de sobrellevar. Yo nunca acabé de identificar aquello que no era más que una traición a mis deseos, pero nuestra pueril homogeneidad política nos hacía creer que teníamos los ojos mucho más abiertos al mundo que aquellos que no habían sido llamados por la disciplina del compromiso".
En esta dirección hay una entrevista en Úbeda y en la radio, muy interesante:
http://www.elviralindo.com/blog/categoria/lo-que-me-queda/