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lunes, 11 de abril de 2011

El señor de las moscas, William Golding



En el club de lectura de la Biblioteca Provincian hemos comentado este libro. Ha sido una sesión muy interesante, dónde cada uno ha aportado una visión y unos datos muy enriquecedores a la lectura.
El Señor de las Moscas es un libro que trata sobre la condición del ser humano de  una manera muy pesimista. Escrita en 1954 por el premio Nobel, William Golding (1911-1993).
La historia se desarrolla durante la II Guerra Mundial.  Un avión se estrella en una isla perdida. Este avión transportaba un grupo de niños británicos de edades comprendidas entre los seis y los  doce años, y tras el accidente, ningún adulto sobrevive,  por lo que los niños deben buscarse la vida por sus propios medios,  a la espera de un rescate por parte de los mayores.
Cuando se empieza a leer, parece una historia normal de unos niños perdidos, que juegan, exploran, se bañan, comen frutos silvestres y no tienen demasiados problemas. Ralph, uno de los mayores, intenta aplicar unas normas de convivencia social. Convoca a todos con el sonido de una caracola,  que es el Tótem,  y es nombrado jefe. Al principio  todo va medio bien, casi todos colaboran en mantener el fuego encendido y construir refugios. Luego los  peques empiezan a tener pesadillas y el miedo se va transmitiendo como una onda expansiva a todos. Los mayores salen a cazar y a explorar el terreno para asegurarse de que no existen tales mosntruos.
Pero a medida que se sigue leyendo, la inquietud y el desasosiego se van apoderando del lector, el autor consigue transmitir muy bien hasta qué punto puede llegar la crueldad  del ser humano, el miedo, el autoritarismo, la amistad y también la traición.  La razón está en boca de un  Pigg, un niño miope, asmático y gordito  del que todos se burlan.
 El Señor de las Moscas es un brillante relato que incluye entre sus temas indispensables la necesidad de adaptarse ante circunstancias adversas, la violencia, el miedo en todas sus formas: a lo desconocido, a la incertidumbre, a los demás, y a la soledad.
Lo más atractivo de El Señor de las Moscas es su profunda y minuciosa reflexión social, donde las buenas intenciones y las tensiones entre los niños, al principio suaves y llevaderas, se convierten en una lucha violenta y desgarradora entre dos bandos no muy bien diferenciados, con consecuencias increíblemente arrolladoras. La condición metafórica del libro deja en evidencia la idiosincrasia del ser humano de una forma dura, cruel y tajante.
El título no es aleatorio. Según ha investigado nuestro compañero Juande,  Belcebú, era usado por los hebreos como una forma de burla hacia los adoradores de Baal  debido a que en sus templos, la carne de los sacrificios se dejaba pudrir, por lo que estos lugares estaban infestado de moscas, llamado  El señor de las moscas.
No es facil de leer, pero merece la pena y más si se puede comentar con  más lectores, ahí copio unos párrafos que me gustaron mucho.


Caminaron juntos, como dos universos distintos de experiencia y sentimientos, incapaces de comunicarse entre sí.


Advirtió que al fin se explicaba por qué era tan desalentadora aquella vida, en la que cada camino resultaba una improvisación y había que gastar la mayor parte del tiempo en vigilar cada paso que uno daba.


El mundo, aquel mundo comprensible y racional, se escapaba sin sentir. Antes se podía distinguir una cosa de otra,  pero ahora... y, además, el barco se había ido.