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viernes, 13 de noviembre de 2009

Miradas

Miradas...


Por un instante sentí la calidez de tu mirada, acurrucada en mi espalda. Me giré, te sorprendí. Y no te sonrojaste. En un momento pude ver al niño que vivió en ti. Lo adiviné a través de tus ojos color café. Al que se enfermaba adrede para que lo mimaran un poquito más. Al que dejó de hablar para que le prestasen más atención. Al que capturaba saltamontes para luego soltarlos cuando pasaba por su lado. Al que tiraba piedras a mi ventana y después se escondía tras la verja. Al que evitaba ponerse al teléfono, pero después llamaba y no hablaba. Al que escribía poemas que aparecían entre las hojas de mi cuaderno, sin nombre, pero con su letra clara. Al que nunca me decía nada. Al que sigue ahí, mirando en silencio, igual que cuando teníamos quince años…

martes, 10 de noviembre de 2009

Me voy


Me voy...

Regreso, me marcho. Te espero. Y tú ¿Dónde estás? ¿Qué haces? Quiero saberlo TODO:
qué piensas, qué lees, si escribiste algo ayer. No contestas. En realidad, tampoco pregunto. Tardas tanto en volver... Puede que sólo sean horas encadenadas, días perdidos… A mí se me antojan años, decenios, milenios. En esta espera silenciosa, llena de de soliloquios, binomios y astrolabios oxidados. Desordenados.
Atestan mi espacio lunar, lleno de harapos raídos.
Te siento tan cerca y tan
lejos a la vez.

viernes, 16 de octubre de 2009

¿Realidad?

¿Realidad?...

Lo único seguro son los hechos, la realidad es subjetiva. Cada momento, cada palabra la interpretamos de manera diferente, cada uno. Intento crear vínculos con mi equilibrista de pensamientos rotos, que vaga extraviado por sus mundos extravagantes, escapa de mi vida, lejos y vuelve al tiempo, taciturno, esquivo, devolviéndome la inspiración cuando se le antoja, sin ser siquiera consciente de ello. Y en cada nuevo encuentro hayo una plenitud inalcanzable, lejana, que me voltea y vuelve a convertir mi mundo en una suerte de harapos raídos y enredados. Los hechos no se pueden cambiar, la realidad según el color con que se mira, cambia con el vaivén de la vida.

© Loli Pérez González

martes, 13 de octubre de 2009

Confesiones




Confesiones... © Loli Pérez González

Estoy acostumbrada a oír los secretos de la gente, es más soy un imán de secretos, creo que tal vez sea adicta a los secretos. La gente me cuenta sus secretos sin yo preguntar, no sé lo qué les atrae hacia mí, llegan me saludan, se sientan a mi lado, en el parque, en una cafetería, en la parada del autobús y tras una breve conversación trivial, pasan a las más arduas confesiones.
Me cuentan intimidades de una PROFUNDIDAD insondable, como quien necesita liberarse de una carga aplastante.
Mientras yo, intento guardar silencio, dejar mi mente en BLANCO, mirar al VACÍO lejano, entretanto encuentran sosiego. Después se levantan, se marchan, no me preguntan mi nombre, ni lo que opino, no les importa qué siento. No vuelvo a saber nada más de esa persona si es desconocida, y si es conocida desde ahora me evitará.
Yo no digo nada a nadie, me quedo con sus historias, las guardo en un pliegue de mi memoria y luego las olvido. No soy confesor, ni psicólogo, tal vez sólo sea una cara que escucha con ojos grandes, sonrisa tenue y mirada triste.

jueves, 8 de octubre de 2009

Molinos de viento



Molinos de viento © Loli Pérez González

A veces me siento como don Quijote, luchando contra esos molinos de viento, altos, seguros, insensibles. Y yo cada vez más pequeña, frágil, impotente…
Porque lo que era antes, ya no lo es ahora, y lo que será después, lo ignoro.
Hay días en los que parece que les puedo vencer, cabalgando sobre mi Rocinante imaginario, y otros que de una envestida me tiran al suelo me dejan echa un harapo, sin fuerzas y apenas puedo levantarme.
Pero al final, respiro hondo, tomo impulso, clavo la lanza sobre suelo duro, subo de nuevo a mi Rocinante imaginario y vuelvo a empezar.
Mientras tenga fuerzas, fe y esperanza, ahí estaré sin descanso en lucha con esos molinos de viento altos, seguros, insensibles que me volverán a derrotar una vez más, con un leve empujoncito cada vez que puedan. Pero me levantaré y les plantaré cara una mil veces sin descanso.